jueves, 24 de noviembre de 2016

ATRIO: EL LUJO SERENO DE UN DOS ESTRELLAS MICHELÍN




Texto by Mónica Gutiérrez-Aller Gª

La expresión placer para los sentidos cobra todo su significado en Atrio: el sueño de toda la vida perseguido por sus propietarios, Toño Pérez y Jose Polo, se vió cumplido en el año 2011: “siempre hemos querido tener un espacio donde recibir, mimar y hacer vivir una experiencia única a nuestros clientes”. Propósito conseguido con creces!

Ambos son artistas, Toño hace arte en su cocina de ensueño y Jose en su bodega y estancias del hotel repletas de obras de artistas reconocidos. Atrio no es sólo un hotel, y tampoco es sólo un restaurante, no se entienden el uno sin el otro, al igual que ocurre con sus propietarios.

El hotel-restaurante es un Relaix Châteux ubicado en el corazón del casco histórico de Cáceres, diseñado por el prestigioso estudio de arquitectos Mansilla y Tuñón, planteado en dos alturas más un sótano en el que se ubica “la joya de la casa”, la magnífica bodega de la que luego os hablaré, y un espectacular ático con dos pequeñas piscinas desde el que se puede contemplar una maravillosa panorámica de la ciudad monumental, la sierra de Gredos y el castillo de Montánchez.

En el exterior conserva la fachada original de una casa familiar integrándose armónicamente en el entorno histórico de la ciudad, con sus muros de mampostería (algunos del siglo XVII), sus ventanales y elementos restaurados que dotan al edificio de un aspecto unitario.

Nada más cruzar la puerta de entrada, el interior del Hotel contrasta de forma impactante con el aspecto exterior: una moderna estructura de jambas rectilíneas que ofrecen un mágico y cambiante juego de luces naturales en las estancias comunes. Las paredes de roble lacado en blanco, los suelos de granito negro y los muebles y revestimientos en madera natural contribuyen,  junto con la iluminación, a crear una sensación predominante de calidez y serenidad. En la decoración sobresalen piezas de muebles de diseño nórdico, danés concretamente, con sillas de Nanna Ditzel y Hans Wegner, sofás de Erik Jorgensen o lámparas de Arne Jacobsen. E increíble colección de pinturas (más de cien originales) de artistas de la talla de Andy Warhol, Antonio Saura, Antoni Tapies, Cándida Höfer, Gerardo Rueda o Thomas Ruff que cuelgan de sus paredes.

El Hotel dispone de 14 habitaciones, nueve dobles y cinco suites, todas ellas con grandes ventanales (también en los baños) y equipadas con todo lo necesario para no querer salir: bañera gigante y ducha de efecto lluvia, climatización individual, pantalla Apple con tv y ordenador y camas tamaño King size con cuatro almohadas de plumas y sintéticas, sábanas de 500 hilos de algodón peinado y colchones americanos de máximo confort. Os aseguro que hacía tiempo que no dormía tan bien como dormí en Atrio. Las amenities, personalizadas para el Hotel, son de la boutique italiana La Bottega dell’Albergo, y las toallas y sábanas, de la firma milanesa Frette (mismos propietarios de La Perla), un detalle más del gusto por lo exquisito que se respira en Atrio.

El restaurante es la piedra angular del Hotel, la estancia en torno a la cual gira la vida y la disposición del conjunto, el lugar en el que abandonarse definitivamente al placer por el puro placer: el restaurante Atrio, con nada menos que dos estrellas Michelín (se rumorea que una muy merecida tercera estrella podría caer este año), ha convertido la modesta ciudad de Cáceres en todo un referente gastronómico a nivel internacional, y que tras 25 años de actividad en la antigua casa, cuenta ahora con un nuevo escenario de ensueño en el que la sensibilidad, la superación e incursiones en otras cocinas son las señas de identidad de los fogones a mando del gran Toño Pérez.

Os puedo asegurar que la sala es un espacio mágico, donde la luz juega un papel importante, al igual que en el resto del hotel: de día entra por las ventanas que dan al atrio del hotel y a un pequeño patio ajardinado donde se puede desayunar y cenar en verano, y donde Toño cuida con mucho mimo madroños, naranjos y plantas aromáticas; de noche con una cuidada iluminación focal se crea una atmósfera casi de museo. En las paredes, de un blanco impoluto, un Saura, un Baselitz y un cuadro del catalán Ignasi Aballi.

Y sobre el mantel, más obras de arte, esta vez comestibles y elaboradas con todo el cariño y la sensibilidad que caracterizan al genial Toño Pérez: su cocina es imaginativa pero sin estridencias, basada en los grandes productos de la despensa extremeña, una cocina de sentidos, de placer, que provoca sensaciones y emociones únicas. Podría enumerar cada plato que probé pero creo que las palabras se quedarían cortas; lo mejor es probarlo, sentirlo, disfrutarlo intensamente, cada bocado, a través de dos menús de 109 y 129 euros.

¿Y qué decir del desayuno en Atrio?, ya sabéis los que me seguís que los desayunos son una de mis debilidades, y el de Atrio no es sino una continuación de la maravillosa experiencia que allí se disfruta: desde unas delicadas migas extremeñas con su huevo, excelente pan con jamón, hasta una deliciosa mermelada de naranja amarga y exquisita bollería recién horneada; nada se deja a la improvisación, simplemente, relájate y desayuna tranquilamente rodeado de obras de arte.

Al principio de esta crónica os hablaba de la joya de la casa: la bodega de Atrio; calificada como una de las mejores del mundo, una bodega de coleccionista reunida por Jose Polo en la que se aprecia su pasión y su afán por lo excelente; una bodega circular donde reposan y envejecen, en cajas de roble, unas 35.000 botellas de nada menos que 3.400 referencias procedentes de 20 países distintos. 

Entre ellas, auténticos tesoros de la enología como las verticales de Chateau Latour desde 1945, Chateau Lafite Rothschild desde 1929, Chateau Margaux desde 1938, de Romanee Conti (incluyendo su Montrachet del que sólo  hacen 2.000 botellas al año), de Petrus desde 1947, Dom Pérignon desde 1966, Pingus o Vega Sicilia desde 1918. Y en un habitáculo aparte cual ábside de toda una capilla Sixtina, un auténtico tesoro: la vertical de Chateay d’Yquem desde 1806 hasta la actualidad, una colección que nos deja con la boca abierta.

No quiero terminar sin mencionar a todo el equipo de Atrio, con Toño y Jose a la cabeza, quienes con su cariño, espontaneidad y nobleza han sabido rodearse de un brillante personal: profesionales jóvenes y entusiastas que miman y atienden al huésped en todo momento; desde su directora Carmina Márquez, al sumiller José Luis Paniagua, -formado en el Ritz de Londres y en Mugaritz-, domina a la perfección la que es considerada “la mejor bodega del mundo”; en total 52 personas que de forma sutil, discreta y elegante, nos hacen sentir mejor que en casa, en perfecta armonía con la filosofía de vida de Toño y Jose a quienes desde aquí agradezco su atención y cariño. Atrio es una experiencia perfecta, no quiero salir de allí.




Pza. de San Mateo, 1, Cáceres

Tlf. 927 242 928

Fotos propias y de Atrio

Si queréis que visite vuestro local gastro, podéis contactarme en mgutierrezaller@gmail.com

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